
Intentar una descripción certera del concepto de Ropa Inútil resulta no sólo una tarea arriesgada y compleja. Es, también, un trabajo que alberga desde sus orígenes las formas más elementales de la contradicción. Hablar de Ropa Inútil implica entregarse a caer en la antítesis, trascender los límites de la claridad para entrar en el terreno de la contrariedad. Con tan sólo desglosar el término en sus dos partes constitutivas se puede, rápido, comprender cuál es la naturaleza de esta paradoja: la noción de Ropa, desde los inicios de su existencia –que coinciden con los inicios de nuestra especie-, estuvo asociada a la utilidad, a aquella funcionalidad primaria de protección.
Luego, claro, el tiempo se encargaría, por un lado, de tergiversar sus funciones, haciendo de la Ropa un signo necesario para la definición de una identidad, para la construcción de una taxonomía clasista y, por qué no, una herramienta de conquista. Por otra parte, la sucesión de los siglos en la historia de Occidente traería consigo la imposibilidad de supervivencia de lo inútil: el imperio del tiempo (y sí, del capital) rechaza lo inservible, lo improductivo, y lo transforma, absorbe o elimina. En Oriente, sin embargo, están los Chindogu, inventos que intentan ser la solución a un problema específico pero que, en realidad, no sirven para nada o peor aún, entorpecen el curso del mundo con su existencia innecesaria. Patines (los de la abuela, esos que se usan para no rayar el parquet) para gatos o el masticómetro, un aparato que ayuda a contar las masticadas que se les da a cada bocado, son los ejemplos más absurdos.
Entonces, ¿es la Ropa Inútil una suerte de Chindogu argentino? Si evocamos algunas prendas que hacen a esta colección, puede que arribemos a una respuesta afirmativa: la pollera de tablas de madera, la remera de globos y el pantalón meado no son estrictamente objetos necesarios, mucho menos funcionales. Pero es también posible imaginar a nuestros antepasados, los que por primera vez se pusieron una remera, incómodos y reticentes, asegurando la inutilidad de aquella tela cosida y negándose a incorporarla en su cotidianidad. Así, quizás, en un futuro no muy lejano, nos crucemos con nuestro vecino estrenando su buzo de pinches y ostentando sus jeans meados. Será aquel el momento exacto en que la Ropa Inútil deje de ser un oxímoron vanguardista para transformarse en el nuevo grito de la Moda. Amén.
Idea, Producción General: Ignacio Sukiassian (creativo publicitario)
Diseño y Confección de la Ropa Inútil: Ignacio Sukiassian
Fotografía: Augusto Daniele (fotógrafo)
Diseño Web: Augusto Daniele
Modelos: Laura Roa y Guillermo Sukiassian
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